domingo, 26 de octubre de 2008

El arte de seducir

Una manada de caballos galopando en el claroscuro de un bosque.., un mar embravecido bajo un atardecer de nubes grises, tenebroso y amenazante..., pero incluso el más simple bodegón elevan a todo pintor a un estado de abstracción poderoso.
Para un pintor, cada lienzo en blanco es mucho más que eso: es un desafío.
Cada imagen concebida pero no nacida es un reto sublime en el que su imaginación, su talento y su práctica han de buscar su justo equilibrio.

Seducir es, también, un arte, y en mi opinión, particularmente, seducir a una mujer alcanza su excelencia.
Cada mujer es un universo distinto, un lienzo totalmente diferente a cualquier otro.
Cada lienzo tiene su pincel ideal, su color idóneo, así como el tiempo perfecto en el que ha de pintarse, el ritmo, el momento, la velocidad, la persistencia...
Cada cuadro nace con su propio estilo, y crece con mayor o menor dosis de realismo y con más o menos atención a los detalles.
Dos cuadros idénticos, simplemente, no existen.

Seducir a una mujer es tan desafiante como un nuevo lienzo.
Y sólo descubriendo su misterio es posible completar su retrato.

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