Seamos francos. La vida del soltero es, en realidad, dura.
Es cierto que el soltero hace lo que le viene en gana, lo cual constituye un tesoro invalorable, pero la parte más oscura de su diario vivir es poco popular.
No pocos conocen las costumbres de uno de los animales más bellos de la Naturaleza, el más esbelto felino: el guepardo o cheeta. Este gato sale a cazar todos y cada uno de los días de su vida, mas la mayoría de ellos no encuentra presa.
Con el tiempo memoriza los puntos débiles de cada manada de ñus, o de gacelas, de manera que en cada nueva visita los explota con mayor precisión: esa gacela joven que tiende a separarse del grupo o aquel cachorro de ñu que se descuelga de la manada después de cierto trote...
Muchos solteros estamos abocados a vivir como guepardos.
Ante la más que probable carestía, es conveniente acechar con frecuencia varias posibles víctimas hasta que vayan cayendo...
A ser posible...todas.
Y aún mejor...una a una.
Y es que los pobres guepardos han de alimentarse..
lunes, 27 de octubre de 2008
El seductor que llevamos dentro
No me cabe duda. Todos somos capaces de seducir. Es parte de la capacidad humana.
Me parece acertado compararlo con saber dibujar. Todos tenemos la capacidad de trazar dibujos. Algunos sólo son capaces de generar esbozos muy simples, y otros son capaces de producir óleos sublimes que hasta provocan la emoción de quien los contempla.
El talento es importante, pero en realidad dibujar está al alcance de cualquiera y todos podemos aprender y mejorar con la práctica.
He meditado mucho sobre mí mismo, siempre trato de hacerlo con el fin de mejorarme. A estas alturas, estoy bastante seguro que nací siendo un seductor.
Las cosas que hacía de chico, de muy chico, las que me cuentan, no son más que pruebas de mi afán de conquista. Cantaba, imitaba, leía en voz alta, componía poemas, dibujaba.., siempre buscando "seducir a mis espectadores".
En la actualidad, a veces me veo envuelto en situaciones en las que, de repente, acabo viéndome a mí mismo como una tercera persona, y dándome cuenta que, inevitablemente, otra vez, no hago más que emplear, inconscientemente, mis armas de seductor.
Como le dijo el escorpión a la tortuga..."Sabía que al clavarte mi aguijón moriríamos los dos, pero no puedo evitarlo: soy un escorpión"
Me parece acertado compararlo con saber dibujar. Todos tenemos la capacidad de trazar dibujos. Algunos sólo son capaces de generar esbozos muy simples, y otros son capaces de producir óleos sublimes que hasta provocan la emoción de quien los contempla.
El talento es importante, pero en realidad dibujar está al alcance de cualquiera y todos podemos aprender y mejorar con la práctica.
He meditado mucho sobre mí mismo, siempre trato de hacerlo con el fin de mejorarme. A estas alturas, estoy bastante seguro que nací siendo un seductor.
Las cosas que hacía de chico, de muy chico, las que me cuentan, no son más que pruebas de mi afán de conquista. Cantaba, imitaba, leía en voz alta, componía poemas, dibujaba.., siempre buscando "seducir a mis espectadores".
En la actualidad, a veces me veo envuelto en situaciones en las que, de repente, acabo viéndome a mí mismo como una tercera persona, y dándome cuenta que, inevitablemente, otra vez, no hago más que emplear, inconscientemente, mis armas de seductor.
Como le dijo el escorpión a la tortuga..."Sabía que al clavarte mi aguijón moriríamos los dos, pero no puedo evitarlo: soy un escorpión"
domingo, 26 de octubre de 2008
El arte de seducir
Una manada de caballos galopando en el claroscuro de un bosque.., un mar embravecido bajo un atardecer de nubes grises, tenebroso y amenazante..., pero incluso el más simple bodegón elevan a todo pintor a un estado de abstracción poderoso.
Para un pintor, cada lienzo en blanco es mucho más que eso: es un desafío.
Cada imagen concebida pero no nacida es un reto sublime en el que su imaginación, su talento y su práctica han de buscar su justo equilibrio.
Seducir es, también, un arte, y en mi opinión, particularmente, seducir a una mujer alcanza su excelencia.
Cada mujer es un universo distinto, un lienzo totalmente diferente a cualquier otro.
Cada lienzo tiene su pincel ideal, su color idóneo, así como el tiempo perfecto en el que ha de pintarse, el ritmo, el momento, la velocidad, la persistencia...
Cada cuadro nace con su propio estilo, y crece con mayor o menor dosis de realismo y con más o menos atención a los detalles.
Dos cuadros idénticos, simplemente, no existen.
Seducir a una mujer es tan desafiante como un nuevo lienzo.
Y sólo descubriendo su misterio es posible completar su retrato.
Para un pintor, cada lienzo en blanco es mucho más que eso: es un desafío.
Cada imagen concebida pero no nacida es un reto sublime en el que su imaginación, su talento y su práctica han de buscar su justo equilibrio.
Seducir es, también, un arte, y en mi opinión, particularmente, seducir a una mujer alcanza su excelencia.
Cada mujer es un universo distinto, un lienzo totalmente diferente a cualquier otro.
Cada lienzo tiene su pincel ideal, su color idóneo, así como el tiempo perfecto en el que ha de pintarse, el ritmo, el momento, la velocidad, la persistencia...
Cada cuadro nace con su propio estilo, y crece con mayor o menor dosis de realismo y con más o menos atención a los detalles.
Dos cuadros idénticos, simplemente, no existen.
Seducir a una mujer es tan desafiante como un nuevo lienzo.
Y sólo descubriendo su misterio es posible completar su retrato.
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